“Mi objetivo es aliviar la miseria humana”, siempre que entendamos por miseria el dolor o la ausencia de valores, el sufrimiento transitorio o la incapacidad para asumir los retos de la vida. Me incluyo también entre los que luchan por un país más próspero, con más capacidad de satisfacer las necesidades de todos. “Antes de ser psicólogo soy un ser humano”. No me perdería el enorme placer que me produce ser padre; no me perdería la fortuna de la amistad; no renunciaría nunca a mi identidad, por ser psicólogo. Siento que es un privilegio ser psicólogo, el tipo de psicólogo que soy, porque me ha ayudado a ser mejor padre, mejor amigo, mejor persona.

La Psicología Clínica es mi especialidad, me ocupo de los procesos psicológicos, conductuales y relacionales, que inciden en la salud y el comportamiento de las personas. El fin último es el desarrollo y la aplicación de principios teóricos, métodos, procedimientos e instrumentos para observar, comprender, predecir, explicar, prevenir y tratar trastornos mentales y comportamentales en todos los aspectos de la vida, así como la promoción de la salud y el bienestar personal y social.

Nunca me veo, ni me veré, en el conformismo. Me reconozco más en la inconformidad. “Nada es tan bueno como para que dejemos de intentar hacerlo mejor”. No es una fórmula de perfeccionismo sino de mejoramiento, de crecimiento, de vida. Porque vivir no es estar detenido, aferrado, inmóvil. Vivir es crear, creer, querer, hacer, sentir, con todo lo que esto supone. Me siento más cerca de la “inquietud”, que de la “quietud”. Tengo más cosas por hacer que tiempo para hacerlas. Siempre tengo más ganas que cansancio. Me siento inconforme. Y además…, creo que vale la pena.